Había una vez una casa en el último pueblo antes del bosque oscuro. Nadie sabía quién vivía allí, pero cada noche se escuchaban risas que no eran humanas.

Al principio, los vecinos asumieron que eran animales salvajes, pero luego los animales domésticos empezaron a desaparecer. El alcalde organizó una expedición para investigar la casa vieja, que había estado abandonada desde hace unos ochenta años, cuando ocurrió la tragedia.

Al empujar la puerta principal, el viento que soplaba desde adentro era helado, incluso en pleno verano. Adentro, en la sala principal, no encontraron a nadie, pero había algo peor: decenas de dibujos esparcidos por el suelo, todos ilustrando cómo cada integrante de la expedición iba a morir esa misma noche. Y la tinta de los dibujos aún seguía fresca.